Rev. Nefrol. Dial. Traspl.2026, 46(2):106-114
Artículo de
Revisión
Aldosteronismo primario, causa sub
diagnosticada de hipertensión
Aldosteronismo Primario como Primera Causa de Hipertensión
Secundaria-Una Mirada desde la Nefrología
Leonardo Sivak1
1) Nefrólogo Universitario-Docente Adscripto de
Medicina y Nefrología Facultad de Medicina- UBA
Autor: Leonardo Sivak
Nefrólogo Universitario-Docente Adscripto de Medicina y Nefrología Facultad de Medicina- UBA. Grupo de Hipertensión Secundaria Sociedad Argentina de Hipertensión
ORCID: 0000-0002-2880-9157
Mail: leo.sivak@gmail.com
Fecha entregado: 18 de marzo de 2026
Fecha aceptado: 29 de abril de 2026
ABSTRACT
In recent years,
the pathophysiological role of aldosterone and the true prevalence of primary
aldosteronism (PA) as a cause of hypertension have been redefined. Far from
being limited to the classic presentations of hypokalemia and refractory
hypertension, PA is now recognized as the most frequent cause of secondary
hypertension and is present in a significant percentage of patients previously
considered to have essential hypertension. Accumulated evidence demonstrates
that many of these patients lacked the traditional hallmarks of
mineralocorticoid excess, which has contributed to the persistent underdiagnosis of the disease. Timely identification of the
disease is key to optimizing treatment, reducing the pharmacological burden,
and preventing associated cardiovascular and renal damage, as well as the
cardiometabolic effects of aldosterone. Diagnosis requires adequate clinical
suspicion, biochemical confirmation, and subsequent subtyping to define the
therapeutic strategy, whether medical or surgical, including hereditary forms.
Despite diagnostic and therapeutic advances, detection rates remain low. In
this context, nephrologists and other specialists who treat hypertension play a
central role in implementing current guidelines and overcoming traditional
concepts that limit the recognition of primary aldosteronism.
Keywords: primary aldosteronism, aldosterone,
aldosterone/plasma renin activity ratio, cardiorenal-metabolic damage.
En los últimos años se ha redefinido el papel fisiopatológico de la aldosterona y la prevalencia real del aldosteronismo primario (AP) como causa de hipertensión arterial. Lejos de limitarse a los cuadros clásicos con hipopotasemia e hipertensión refractaria, el AP es hoy reconocido como la causa más frecuente de hipertensión secundaria y está presente en un porcentaje significativo de pacientes previamente considerados como hipertensos esenciales. La evidencia acumulada demuestra que muchos de estos pacientes carecían de los estigmas tradicionales de exceso mineralocorticoide, lo que ha contribuido al subdiagnóstico persistente de la enfermedad. La identificación oportuna de la enfermedad, resulta clave para optimizar el tratamiento, reducir la carga farmacológica previniendo el daño cardiovascular y renal asociado, así como los efectos cardiometabólicos propios de la aldosterona. El diagnóstico requiere una adecuada sospecha clínica, confirmación bioquímica y posterior subtipficación para definir la estrategia terapéutica, médica o quirúrgica, incluyendo las formas hereditarias. A pesar de los avances diagnósticos y terapéuticos, las tasas de detección continúan siendo bajas. En este contexto, los nefrólogos y otros especialistas que atienden hipertensión arterial, tienen un rol central en la implementación de las guías actuales y en la superación de conceptos tradicionales que limitan el reconocimiento del AP.
Palabras Clave: aldosteronismo primario, aldosterona, relación aldosterona/actividad de renina plasmática, daño cardio-reno-metabólico.
INTRODUCCIÓN Y OBJETIVOS
En los últimos años se han modificado
extraordinariamente los conceptos clásicos aceptados sobre el rol
fisiopatológico de la aldosterona (ALDO), el modo de detectar y confirmar sus
alteraciones y la real frecuencia de aldosteronismo
como causa de hipertensión arterial. Si bien originalmente el aldosteronismo primario (AP) se sospechaba ante la
presencia de hipertensión arterial refractaria, hipopotasemia
y el hallazgo de nódulo suprarrenal, actualmente AP es reconocido como una
causa mucho más frecuente de hipertensión que la atribuida desde la descripción
del primer caso de AP por Conn en 1954 (1)
luego del descubrimiento de la aldosterona en 1952 por Simpson, Tait y Bush (2). El propio Conn en 1967 publica el artículo “Aldosteronismo
primario normocalémico. Una causa detectable de
hipertensión “esencial” curable” (3), adelantándose a lo que
hoy bien conocemos: que individuos con presunta hipertensión arterial esencial
y sin los “estigmas” clásicos de exceso mineralocorticoide
padecen AP, de este modo el AP hoy es reconocido como primera causa de hipertensión secundaria, por
delante de la enfermedad renovascular y entre el 5 y
el 10% de todos los hipertensos por cualquier causa a nivel mundial (4).
Por tales motivos, la sospecha clínica e identificación de aldosteronismo
tanto en formas resistentes de hipertensión como durante el estudio de sus causas
secundarias, debería ser incorporada a la práctica clínica de rutina
permitiendo así reducir el número de drogas en los casos refractarios y
prevenir el daño cardiovascular y renal provocado por la hipertensión
insuficientemente controlada junto a los efectos cardio-metabólicos
de aldosterona que serán revisados a continuación.
Aspectos Fisiopatológicos Básicos de Efectos Sistémicos de Aldosterona
La aldosterona es un efector final del sistema
renina-angiotensina y su síntesis es estimulada por angiotensina II
(clásicamente en la zona glomerulosa de la corteza adrenal aunque no exclusivamente como veremos más adelante).
Angiotensina II se unirá al receptor de tipo AT1 para estimular a la enzima
aldosterona sintasa (CYP11B2) que llevará a la
síntesis final de ALDO.
Además de AII la secreción de ALDO es estimulada
directamente por el potasio sérico elevado y en menor medida por la hormona
ACTH.
En la nefrona distal ALDO se une al receptor mineralocorticoide (RM) que estimula directa e
indirectamente la expresión superficial y la actividad de los canales transportadores (ENaC). Esta unión al RM también se produce en otros sitios
y tipos celulares como, cardiomiocito, endotelio
vascular, adipocitos y macrófagos (4). Una vez que ALDO se ha
unido al RM se conforma un complejo Ligando /Receptor que se transloca hacia el núcleo celular provocando una acción
conocida genéricamente como Efecto Genómico de ALDO (5). Las proteínas
inducidas actúan en la membrana apical abriendo canales de sodio e
incrementando la energía mitocondrial lo cual favorece la reabsorción de sodio
y su intercambio
por K y H+ a través de Na /K ATPasa.
Existe otro efecto de ALDO conocido como “No
Genómico” (6),
una acción mediada por quinasas que aumentan la concentración del calcio
intracelular y activan al intercambiador Na H+. En
condiciones patológicas como el aldosteronismo, estas
quinasas estimularán intensamente la síntesis de especies reactivas de oxígeno,
las cuales iniciarán un proceso de estrés oxidativo y fibrosis que tendrá un
rol patogénico significativo en la progresión del riesgo cardio-
reno-metabólico del aldosteronismo primario respecto
de la hipertensión esencial (7,8,9,10,11).
Se ha comprobado la síntesis de aldosterona
ectópica en corazón, vasos sanguíneos, riñón y cerebro bajo condiciones fisiológicas así como un aumento de su concentración y sus
receptores durante la reparación de estos tejidos (post ACV e infarto agudo de
miocardio). Existen amplias evidencias clínicas y experimentales como el
mejoramiento en la velocidad de la Onda de Pulso a través de adrenalectomía que
demuestra el rol de aldosterona como factor independiente de daño
cardiovascular (10),
la demostración de que la infusión de ALDO contrarresta los efectos
beneficiosos de los inhibidores de la ECA a través de un receptor diferente al
RM dependiente de la vía no genómica (6) y
el hallazgo de una correlación positiva entre concentraciones de la adipoquina proinflamatoria Resistina con un mayor riesgo cardiometabólico
de los pacientes con AP en comparación a
hipertensos esenciales (12).
Aldosteronismo Primario y Riesgo Cardio-reno-metabólico
El riesgo cardio
metabólico se encuentra significativamente aumentado en pacientes con
diagnóstico de AP, observándose aumento de la masa ventricular izquierda así como del grosor y rigidez arterial en
comparación con pacientes hipertensos esenciales cuando se ajusta por edad,
sexo y grado de presión arterial (11). Un estudio
comparativo (13)
mostró los siguientes resultados respectivos entre AP e hipertensos esenciales:
accidente cerebrovascular (12,9 % frente a 3,4 %), infarto de miocardio (4 %
frente a 0,6 %) y fibrilación auricular (7,3 % frente a 0,6 %). Otro estudio
que incluyó a 602 pacientes con AP y una población comparativa y ajustada de
hipertensos esenciales, evaluó el riesgo
de infarto de miocardio, nuevo evento coronario, revascularización, ingreso
hospitalario por insuficiencia cardíaca congestiva o accidente cerebrovascular;
la incidencia de eventos cardiovasculares fue respectivamente de 56,3 frente a
26,6 eventos por 1.000 personas-año, p < 0,0001; el subanálisis
del grupo AP mostró un riesgo cardiovascular similar en tratados con adrenalectomía o mediante el
bloqueo adecuado del receptor mineralocorticoide (14).
A través de un metaanálisis
y revisión sistemática Monticone et al (15)
fueron analizados 31 estudios prospectivos y retrospectivos que incluyeron a
3838 pacientes con aldosteronismo primario y 9284 con
hipertensión esencial, con el objeto de evaluar la asociación entre AP y
eventos cardiovasculares, cerebrovasculares, daño a órgano blanco, diabetes y
síndrome metabólico, encontrando un mayor riesgo de accidente cerebrovascular
(OR 2,58), enfermedad coronaria (OR 1,77), fibrilación auricular (OR 3,52) e
insuficiencia cardíaca (OR 2,05) así como aumento en el riesgo de diabetes (OR
1,33), síndrome metabólico (OR 1,53) e hipertrofia ventricular izquierda (OR
2,29).
Aldosteronismo Primario y Enfermedad Renal Crónica
Existe consenso en que el tratamiento del AP
independientemente del enfoque conservador o quirúrgico en pacientes con ERC
logra un control de la presión arterial con menor necesidad en el número y dosis
de fármacos antihipertensivos, un enlentecimiento en la progresión hacia la
enfermedad renal avanzada con reducción de la proteinuria y de eventos
cardiovasculares graves (16).
Existen dificultades particulares para la detección
de AP en la enfermedad renal crónica durante el estudio bioquímico (mediciones
de renina y aldosterona plasmática y urinaria) debido a las alteraciones
fisiológicas frecuentes y predecibles tales como la expansión de volumen,
presencia de enfermedad vásculo renal bilateral y
fallo renal avanzado entre otras causas. Por estos motivos a la hora de
realizar las mediciones y el cálculo de la razón aldosterona/renina de enfermos
con enfermedad renal crónica, deberemos considerar la mayor posibilidad de
obtener falsos negativos, por lo que ante una sospecha clínica elevada se
deberá acudir directamente a los procedimientos diagnósticos “confirmatorios”
que analizaremos más adelante (17). Si bien disponemos de
datos limitados sobre la prevalencia del aldosteronismo
primario en pacientes con ERC de diverso grado, es probable que sea similar o
incluso mayor a la de la población general, Chauhan
et al.(18)
midió la tasa de detección en 600 pacientes de dos centros académicos de
nefrología de Australia cuyos pacientes tenían una TFGe
inferior a 60 ml/min/1,73 m 2 excluyendo
enfermedad renal en Etapas 4-5 y trasplantados y concluyó que el 39% tenía indicación para
detección de hiperaldosteronismo primario según las
recomendaciones de la Sociedad de Endocrinología.
Un metaanálisis sobre
cuarenta y seis estudios que incluyeron a 6056 pacientes con aldosteronismo primario y 9733 pacientes hipertensos
esenciales (19),
encontró una tasa de filtración glomerular estimada (TFGe)
mayor y una albuminuria más grave en paciente con AP. Tras el tratamiento y un
seguimiento de 12 meses se observó una reducción de la TFG y la albuminuria con
un aumento de la creatinina sérica tanto en pacientes con tratamiento médico
como con cirugía. Recientemente el Grupo de Estudio Aldosteronismo
de España (20)
publicó resultados similares al comentado previamente (19), tanto sobre la
efectividad similar de los tratamientos con antagonistas de los receptores de mineralocorticoides o adrenalectomía, como en la
observación de que ambos tratamientos reducen la función renal probablemente
por interrupción de hiperfiltración y de los efectos paracrinos de ALDO sobre riñón (20).
Experimentalmente se ha demostrado la reversión de
la lesión podocitaria de las ratas hipertensas Dahl por el bloqueo de ALDO (21), prevención de la
lesión renal por estreptozotocina en ratas diabéticas
y mejora la lesión renal y la expresión del factor de crecimiento del tejido
conectivo por espironolactona (22),
beneficio terapéutico de la espironolactona en la nefrotoxicidad crónica experimental por ciclosporina A por
el bloqueo de aldosterona (23),
mejora de la lesión renal y la expresión del factor de crecimiento del tejido
conectivo por espironolactona en ratas diabéticas T2 (24),
estímulo proliferativo de la aldosterona sobre TGFß
renal (25)
y efecto de aldosterona activando NF-κB en células de
colector (26).
Prevalencia del Aldosteronismo Primario
Inicialmente el propio Conn
sugirió que el AP podría representar el 20% de todas las formas de hipertensión
(1) y
luego hizo su propia revisión en la década de los sesenta, ajustando la
prevalencia al 10% (3).
Diversos autores han publicado estudios no controlados con una prevalencia
bastante menor de entre el 1 y 3,5% (27), siendo que en la
mayoría de estas investigaciones la sospecha clínica estaba limitada sólo a los
casos que reunían hipertensión, hipopotasemia
espontánea o inducida por diuréticos o una masa suprarrenal como criterios
necesarios.
En 1981, Hiramatsu K. y colaboradores proponen un método de screening para identificar casos de AP mediante la medición
de la actividad de la renina y su relación con aldosterona conocido como razón
aldosterona /renina (RAR) (28).
Posteriormente un estudio internacional (y trascendental) realizado en cinco
centros de referencia para hipertensión de diferentes continentes (29)
evaluó la prevalencia de AP en pacientes con hipertensión de cualquier
etiología, antes y después del uso generalizado del RAR como prueba de
detección inicial. Como resultado la prevalencia fue de 5 a 10 veces mayor que
las estimaciones previas, con un aumento desde aproximadamente el 1 % al inicio
del estudio en todos los centros, hasta el 4,5 % (Grupo Singapur) y hasta el
10,8 % (Minnesota), dependiendo del corte para RAR (entre 20 y 50), a menor cut off mayor prevalencia de AP y sólo entre el 9 y 37% de
los casos diagnosticados presentaba hipopotasemia.
Brown et al.
(30)
diseñó un estudio transversal para evaluar la prevalencia aldosteronismo
primario confirmado bioquímicamente sobre 1015 pacientes con diferentes rangos
de presión arterial, hallando una prevalencia ajustada de aldosteronismo
primario confirmado bioquímicamente de 11,3 % en individuos normotensos
y de hasta el 22,0 % en hipertensos resistentes.
Cómo Realizar la Prueba de Detección
Las Sociedades de Endocrinología de Japón, la
Asociación Americana del Corazón, el Colegio Americano de Cardiología Europea,
Francesa y Canadiense de Hipertensión, recomiendan la detección del aldosteronismo primario mediante la obtención de la
relación entre la aldosterona plasmática y la actividad de la renina plasmática
(31,32).
La determinación de RAR presenta dificultades
técnicas, tanto en la conservación y transporte de las muestras como para la reproducibilidad
de los resultados. Una variable crítica es la determinación de la actividad de
renina periférica (ARP), ya que además del método de medición las
concentraciones se modifican sensiblemente por diversos factores fisiológicos
como la expansión de volumen y fármacos, edad, raza, consumo de sodio y estado
de la función renal (17,18).
Las condiciones ideales para la prueba incluyen una fase de preparación
(corrección de la hipopotasemia, suspensión de la
medicación que interfiere considerablemente con el sistema
renina-angiotensina-aldosterona y determinación del estado de suplementación
con estrógenos(33).
Los métodos para la medición de renina presentan diverso grado de complejidad,
costos y disponibilidad según el medio donde se realiza; como el desarrollo de
este punto excede el objeto de este escrito, sólo se proporciona un acceso para
la consulta del tema a través de las
citas bibliografía(34,35),
aunque Independientemente de la metodología utilizada y de las unidades de
medición en que se expresan los resultados, en todos los casos será una
condición ineludible contar con un laboratorio especializado y de reconocida
calidad en el tema independientemente de la técnica utilizada.
Diagnóstico y Test Confirmatorios
El test confirmatorio de mayor significación para
AP es la Sobrecarga Salina o Prueba de Supresión; la misma puede realizarse
tanto mediante administración endovenosa como con sobrecarga oral de sodio, el
principio general de ambas es la supresión fisiológica que la sobrecarga salina
produce en la síntesis de aldosterona (31,35,36). La positividad del
test confirma la secreción autónoma ALDO.
El Test de Captopril (37)
consiste en el dosaje de ALDO a las dos horas de la
administración de esta droga (o sus análogos). La prueba permite evaluar tanto
la integridad del eje renina - angiotensina -aldosterona como su adecuada
supresión fisiológica, como resultado de la inhibición de AII: si el nivel de
ALDO plasmática se reduce por debajo de los 15 ng/dl
y si RAR no se modifica luego de la prueba, se descartará el diagnóstico de aldosteronismo. Este test puede resultar de utilidad en
pacientes con contraindicación formal para realizar uno con sobrecarga salina.
A la hora de la elección la experiencia,
disponibilidad y potenciales riesgos como la sobrecarga de sal en pacientes con
insuficiencia cardíaca descompensada, enfermedad renal crónica avanzada o
fibrilación auricular determinará el tipo de prueba a utilizar. Al respecto un metaanálisis de Leung et al (39)
basado en 55 estudios comparando pruebas de confirmación, encontró gran
variabilidad en la interpretación de resultados y puntos de corte. Una de sus
conclusiones es que el valor de las pruebas confirmatorias es mínimo cuando
existe alta probabilidad de AP a partir de una alta la
sospecha clínica y resultados de detección positivos fiables como una RAR
superior a 30 (aunque algunos autores requieren sólo un valor de 20 para la
sospecha de AP), aldosterona plasmática superior a 17 ng/ml
y/o ALDO urinaria superior a 14 µg/día, más una actividad de renina suprimida
(menor a 1). De este modo, se confirma el diagnóstico de AP junto a los datos
clínicos apropiados (p. ej. hipertensión resistente, hipopotasemia,
presencia de nódulo suprarrenal, lesión de órgano blanco precoz en hipertensos)
(40);
por el contrario, resultados normales descartan moderadamente y no en forma
absoluta AP, ya que puede ser
elevada la tasa de falsos negativos.
La obtención de RAR en combinación con las
características clínicas precisadas, permitirá confirmar el diagnóstico de AP.
Otros autores coinciden con los criterios de Leung (40),
así como varios centros que muestran altas tasas de éxito terapéutico sin
los riesgos excesivos de realizar
procedimientos innecesarios (41).
Subtipificación y Enfoque del Tratamiento
La toma de decisiones terapéuticas se realizará una
vez obtenidas las pruebas diagnósticas ya mencionadas, resultando necesario
discernir si el paciente tiene una
enfermedad unilateral o bilateral que representa el 65% de todos los
casos de hiperaldosteronismo, factor que diferenciará
en principio, a aquellos que pueden beneficiarse de la adrenalectomía (casos
unilaterales) o del tratamiento con antagonistas de los receptores mineralocorticoide en los bilaterales, o bien el uso de
corticoides en el caso de aldosteronismo remediable
por glucocorticoides.
La tomografía computada (TAC) debe ser el primer
paso con el fin
de detectar masas cercanas o mayores a 4 cm las cuales en general corresponden
a carcinomas, o hallar un adenoma en pacientes con enfermedad de Cushing.
Cuando se trata de pacientes menores de 35 años con
hipopotasemia y AP la presencia de un adenoma
unilateral es suficiente para proceder a la adrenalectomía laparoscópica (42).
En pacientes mayores la TC no debe utilizarse para
diferenciar entre enfermedad unilateral o bilateral ya que es sabido que las
glándulas suprarrenales se ven normales en al menos el 40 % de los pacientes
con AP confirmado mediante dosaje de aldosterona en
venas adrenales (43).
Otros autores han mostrado resultados similares con baja concordancia entre la
imagen tomográfica y el dosaje
de ALDO en venas renales (DAV) de pacientes con enfermedad unilateral
confirmada a posteriori y con suprarrenalectomía
exitosa. DAV es el método de referencia estándar para diferenciar enfermedad
unilateral de bilateral y mandatario si se considera una indicación quirúrgica (43,44),
permitiendo llegar a un 95% de sensibilidad y al 100% de especificidad (45).
Por otro lado un estudio clínico aleatorizado (46) comparó el tratamiento
basado en TC con el basado en dosaje de ALDO en venas
renales (DAV) sobre 184 pacientes con AP y seguimiento de 12 meses no
observando diferencias significativas entre los tratamientos basados en TC y en
DAV en cuanto a número de fármacos, dosis, porcentaje de pacientes con presión
arterial objetivo o la concentración sérica de potasio.
La mayor limitante del procedimiento es la
dificultad anatómica y la necesidad de contar con un equipo de hemodinamia y laboratorio experimentado en este tipo de
estudios (46).
El Estudio multicéntrico de Resultados del Aldosteronismo Primario (PASO), mostró la remisión
bioquímica (corrección de la hipopotasemia y del
cociente aldosterona/renina) en el 94 % de 705 pacientes adrenalectomizados
(47)
con curación total de hipertensión (alcanzar la normotensión
sin antihipertensivos) en el 37 % de los casos y curación parcial (reducción de
la dosis o el número de antihipertensivos) en el 47 % de los casos.
Tratamiento de Aldosteronismo Primario:
Los mayores objetivos en el tratamiento del AP son
la prevención de la
morbilidad y la reducción de la mortalidad asociadas a
hipertensión, daño cardiovascular y en un menor número de casos al efecto
deletéreo de la hipopotasemia crónica. Actualmente no
disponemos de conclusiones basadas en estudios controlados, aleatorizados y
doble ciego que comparan el tratamiento quirúrgico con el médico en AP. Sí
sabemos que los resultados a largo plazo en ambos casos son similares al si la
terapia farmacológica fue suficiente para lograr el control de la presión
arterial y la hipopotasemia (14).
a. Tratamiento quirúrgico: en los casos en que se
detecta AP unilateral, la adrenalectomía laparoscópica tiene una indicación
precisa lográndose un control de la
presión arterial cercano al 100 % en el postoperatorio inmediato, y de un 30 a
72% a más largo plazo, siendo mandatorio en individuos jóvenes (42,48,49).
b. Tratamiento farmacológico: en caso de indicarse tratamiento farmacológico se
debe incluir además de las drogas que actúan sobre el RM una restricción
absoluta de sodio, supresión de tabaco, mantenimiento del peso ideal y
ejercicio aeróbico regular.
La espironolactona (ESP)
es un antihipertensivo; diurético ahorrador de potasio cuyo mecanismo principal
es como antagonista del receptor mineralocorticoide
además, tiene afinidad por receptores de testosterona y progesterona, por lo
que puede generar efectos endocrinos indeseables como
.disminución de la libido, ginecomastia, trastornos menstruales en jóvenes y sangrado posmenopáusico.
Inicialmente ha sido la droga de elección en el tratamiento del AP con dosis iniciales
mínimas de 25 mg/d hasta máximas de 150 mg diarios. Luego de iniciado el
tratamiento, la hipopotasemia mejora con mayor
velocidad que el control tensional que puede llevar entre cuatro a ocho
semanas. El ajuste de dosis dependerá de los niveles de potasio y de la
respuesta de la presión arterial y la tolerancia clínica (50).
Eplerenona, es un
antagonista más selectivo del RM que al no poseer metabolitos activos y una
vida media menor a la de ESP resulta entre el 50 a 70% más potente con una
dosis terapéutica máxima de 100 mg (51). Tiene una afinidad
por los receptores de testosterona y progesterona menor en unas 500 veces al de
ESP por lo cual producirá menores efectos endócrinos indeseables que ESP (51).
Finerenona fue
evaluada en un pequeño grupo de pacientes con AP, concluyendo que si bien logró una reducción de la presión arterial
durante las 8 semanas de tratamiento y si bien puede resultar en una
alternativa terapéutica potencial a espironolactona,
aún se requiere una evaluación en estudios más amplios y controlados (52).
Respecto a los pacientes con ARG, el tratamiento debería estar precedido por la
confirmación de estudios genéticos para luego indicar dosis fisiológicas de
glucocorticoides para la supresión de ACTH sobre todo en niños, ya que existen
otras formas menos frecuentes con etiopatogenia, clínica y tratamiento
diferentes.(53)
Independiente del fármaco utilizado, la guía
bioquímica sobre la efectividad del tratamiento es lograr que la actividad de
la renina plasmática ya no esté suprimida y sea mayor o igual 1 ng/ml/hora (54).
CONCLUSIONES
El hiperaldosteronismo constituye la forma
más prevalente de hipertensión arterial secundaria y su detección debería
realizarse en pacientes que presentan criterios tales como hipertensión
resistente, con lesiones desproporcionadas de órgano blanco e hipertensión
moderada o dentro del algoritmo de estudio para una hipertensión secundaria
independientemente de los estigmas tradicionales de AP (3).
Una vez confirmada la existencia de AP, se debe
continuar con los procedimientos diagnósticos que permitan su clasificación y
definir así la indicación terapéutica (quirúrgica o médica) incluyendo las
formas hereditarias y/o monogénicas(53).
Las tasas de detección para AP siguen siendo bajas
a pesar de la evidencia acumulada en los últimos años y como ya se mencionó una
errónea visión de la medicina tradicional puede estar atentando contra la
mejora en el objetivo de identificar y tratar correctamente a los pacientes con
AP (54).
Los nefrólogos tenemos la oportunidad de mejorar
esas tasas de detección y expandir estos conocimientos y las guías para otras
especialidades que atienden hipertensión, derribando los mitos ya comentados
como la demostración de que la hipopotasemia se
encuentra ausente entre el 20 y 50 % de los casos de AP.
Respecto de los estudios diagnósticos, hoy sabemos
que en casos necesarios se puede continuar con drogas como IECA, ARA II, BCC dihidropiridínicos o bloqueadores de los receptores
β-adrenérgicos (31)
durante el estudio bioquímico del paciente con sospecha de AP ya que causarán
sólo un pequeño número de falsos negativos al realizar las pruebas de detección (17, 31).
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