Rev. Nefrol. Dial. Traspl. 2026, 46(2):90-98
Artículo Original
Prevalencia de Deterioro Cognitivo Leve en Adultos Mayores en Hemodiálisis Crónica en un Hospital del Sur de Chile
Prevalence of Mild Cognitive Impairment in Older Adults on Chronic Hemodialysis in a Hospital in Southern Chile
Mauricio Álvarez1a, Rosario Negrón2a, Raúl Deleón1a, Macarena Vergara1b, Dahianu Arancibi1c, Sandra Ver1c
1) Unidad de diálisis, Hospital de Angol, Región de la Araucanía Chile
2) Servicio de Psiquiatría, Hospital Angol, Región de la Araucanía Chile
a) Médico
b) Nutricionista
c) Enfermera
Fecha entregado: 09 de marzo de 2026
Fecha corregido: 06 de mayo de 2026
Fecha aceptado: 11 de mayo de 2026
Mauricio Álvarez Mercado
ORCID: 0009-0001-1628-6379
Mail: mauroalvarezm@gmail.com
ABSTRACT
Background: Mild
cognitive impairment (MCI) is a common condition in older adults and represents
an important determinant of frailty, increased morbidity and mortality, and
poorer therapeutic adherence. Advanced chronic kidney disease and hemodialysis
have been associated with a higher risk of cognitive impairment; however, the prevalence
of MCI among older adults on hemodialysis in Chile remains unknown. Objective: To determine the prevalence of suspected mild cognitive impairment and its
associated factors in older adults undergoing chronic hemodialysis in a
hospital in southern Chile. Patients and Methods: An observational,
cross-sectional study was conducted in the Hemodialysis Unit of Hospital of Angol, Chile. All patients aged ≥60 years receiving
thrice-weekly chronic hemodialysis were included, excluding those with a prior
diagnosis of dementia. Sociodemographic, clinical, anthropometric, and
laboratory variables were collected. Cognitive screening was performed using
the Montreal Cognitive Assessment (MoCA), with a
score <21 considered suggestive of MCI, adjusted for educational level.
Descriptive and univariate analyses were performed to identify associations.
Results: A total of 45 patients were evaluated (mean age 70.4±7.4 years; 55.6% male). The mean MoCA score was 18.8±5.6 points. The prevalence of suspected MCI was 62.2%. Low educational level (≤8 years of schooling) was significantly associated with a higher risk of MCI (OR 10; 95% CI 1.91–52.3). Patients with suspected MCI had lower body weight, lower body mass index, smaller calf circumference, and smaller mid-upper arm circumference. A calf circumference <31 cm was associated with an increased risk of MCI (OR 5.8; 95% CI 1.35–25.11). Paradoxically, higher Kt/V and hematocrit values were associated with a higher prevalence of MCI. Conclusions: A high prevalence of suspected mild cognitive impairment was observed among older adults undergoing chronic hemodialysis. MCI was associated with low educational level and markers of nutritional frailty and sarcopenia. These findings support the implementation of systematic cognitive screening and multidimensional interventions in this population, while accounting for biological, nutritional, and social factors.
Keywords: mild cognitive
impairment; hemodialysis; older adults; frailty; chronic kidney disease.
RESUMEN
Introducción: El deterioro cognitivo leve (DCL) es una
condición frecuente en adultos mayores y constituye un importante determinante
de fragilidad, morbimortalidad y mala adherencia terapéutica. La enfermedad
renal crónica avanzada y la hemodiálisis se han asociado a un mayor riesgo de
deterioro cognitivo; sin embargo, la prevalencia de DCL en población adulta
mayor en hemodiálisis en Chile es desconocida. Objetivo: Determinar la prevalencia de sospecha de deterioro
cognitivo leve y sus factores asociados en adultos mayores en hemodiálisis
crónica en un hospital del sur de Chile. Pacientes y métodos:
Palabras
Clave: deterioro cognitivo leve; hemodiálisis; adultos mayores; fragilidad;
enfermedad renal crónica
INTRODUCCIÓN
Los dominios cognitivos son áreas o funciones principales
del cerebro, responsables de diferentes aspectos vinculados a tareas complejas
tales como el pensamiento, la memoria, el aprendizaje y otras habilidades
mentales. Cada dominio representa un conjunto específico de procesos que
permiten realizar tareas concretas, tales como recordar información, resolver
problemas, prestar atención o comprender el lenguaje (1). Conforme
transcurre el tiempo y habiéndose iniciado el proceso de envejecimiento, estos
dominios pueden eventualmente experimentar un progresivo deterioro de sus
capacidades de tipo homeoestenótico, el cual se suma
al impacto transversal y sistémico que ya
afecta a otras capacidades orgánicas y funcionales del individuo, factores condicionantes de la
denominada “fragilidad física”, con lo cual puede eventualmente sumarse una “fragilidad cognoscitiva”, siendo una de sus
primeras manifestaciones la presencia del denominado Deterioro Cognitivo Leve
(DCL) (2).
Tradicionalmente se ha considerado que el DCL corresponde
a un síndrome caracterizado por la presencia de un déficit cognitivo superior
al esperado para la edad y el nivel cultural de la persona y que se sitúa en un
punto intermedio entre la pérdida fisiológica y la demencia, siendo
frecuentemente caracterizado por la afectación prioritaria de la memoria
(amnésico). Es por ello por lo que este ha sido el dominio cognitivo más
evaluado para su pesquisa precoz (2). No obstante lo anterior, en la actualidad se reconoce variantes
no amnésicas y con afectación multidominio(3).
Existe evidencia de que la Enfermedad Renal Crónica (ERCr) incluso en sus etapas predialíticas,
constituye un factor de riesgo independiente para la aparición de DCL. Un
estudio realizado con más de 23.000 participantes evidenció que por cada caída
de 10 ml/min/1,73 mt2 del clearance de creatinina, el odds ratio para DCL era de 1,23 (95% IC 1,06-1,43)(4).
Los efectos del DCL en la población que recibe terapia
sustitutiva renal trascienden lo cognitivo, impactando negativamente en los
resultados clínicos. Los pacientes con deterioro cognitivo en hemodiálisis
tienen un riesgo de mortalidad significativamente mayor. Diversos estudios han
mostrado que el DCL y la demencia en pacientes en hemodiálisis están asociados
a un incremento de hasta 2-3 veces en el riesgo de muerte, comparados con
pacientes sin deterioro cognitivo (5). Además,
la mortalidad en esta población puede alcanzar tasas del 30% en el primer año,
especialmente en aquellos que presentan compromiso en dominios como la memoria
o en funciones ejecutivas (5).
En términos de hospitalizaciones, los pacientes
con DCL presentan tasas más altas de internaciones debido al desarrollo de
complicaciones relacionadas con la adherencia al tratamiento, tales como
errores en la medicación o del manejo nutricional. Se ha reportado que los
pacientes con deterioro cognitivo tienen una probabilidad 1.8 veces mayor de
ser hospitalizados en comparación con sus pares cognitivamente sanos (6).
Se estima
la prevalencia de DCL en torno a un 18,9% de la población general (7), siendo actualmente desconocida la prevalencia de esta
condición en población adulta mayor en hemodiálisis en Chile. No obstante lo anterior, reportes internacionales, sitúan su
prevalencia en torno al 37% y el 43% de los pacientes adultos mayores en
hemodiálisis, incluyendo formas leves y severas (8,9).
Respecto
de las estrategias diagnósticas, el test de MoCA (Montreal Cognitive Assessment)
ha sido una herramienta ampliamente utilizada en el tamizaje de pacientes con
DCL y validada en Chile, ya que permite detectar déficits cognitivos que pueden
no ser evidentes en evaluaciones más generales, siendo capaz de identificar
alteraciones leves, especialmente en personas con niveles educativos más altos
o en fases iniciales de este cuadro (10).
Esta
prueba evalúa varias áreas cognitivas, como la memoria, la atención, la
orientación, las funciones ejecutivas y las habilidades visuoespaciales.
Al fijar un punto de corte inferior a 21 de 30 puntos, se logra una sensibilidad
del 75% y una especificidad del 82% para detectar el DCL (10). Cabe señalar que debe realizarse un ajuste por nivel
educativo, sumándose un punto si el nivel educativo del sujeto evaluado se
sitúa entre 8 y 12 años y 2 puntos si es inferior a 8 años (1).
El
objetivo de nuestro estudio es realizar un tamizaje de prevalencia de
DCL, en adultos mayores sometidos a hemodiálisis crónica en el Hospital de
Angol, dependiente del Servicio de Salud Araucanía Norte, mediante la
aplicación del test de MoCA. Este centro asistencial que
corresponde a un hospital de alta complejidad, se sitúa en el sur de Chile y atiende
a una población aproximada de 130.000 habitantes que se encuentran en un
avanzado estado de transición demográfica.
PACIENTES Y MÉTODO
Se
realizó un estudio de tipo observacional, cuantitativo y de corte transversal,
el cual fue autorizado por el Comité de ética Científica del Servicio de Salud
Araucanía Norte, mediante Oficio N° 01 del 14 de agosto de 2025.
Fueron
incluidos la totalidad de los pacientes con edad igual o superior a 60 años que
se encontraban recibiendo terapia dialítica en la Unidad de Hemodiálisis del
Hospital de Angol y que aceptaron ser parte del estudio, previa firma del
respectivo consentimiento informado. Se consideraron criterios de exclusión el
rechazo a participar en el estudio y/o la presencia de un diagnóstico previo de
demencia.
Se
realizó el registro de variables biodemográficas,
antropométricas, clínicas y de laboratorio usualmente aplicadas en la unidad,
entre los meses de agosto y septiembre de 2025. Estos datos fueron extraídos
directamente de la ficha clínica electrónica institucional y de los propios
registros internos de la unidad de diálisis.
Para la
pesquisa de DCL se aplicó el test Montreal Cognitive Assessment (MoCA), por parte de
dos profesionales médicos del equipo de investigación, con experiencia en el
manejo de pacientes del área de salud mental y que se encontraban certificados
en la aplicación del test por parte de una institución académica externa y no
vinculada al Hospital de Angol ni a los autores del estudio. Se consideró un
puntaje inferior a 21 puntos como sugerente de DCL. Para efectos operacionales
del presente trabajo, se utilizó la definición del Manual Diagnóstico y Estadístico
de las enfermedades mentales en su quinta versión (DSM-5), que emplea el
concepto de "trastorno neurocognitivo leve
(TNL)" como equivalente al DCL y que considera que el afectado debe
presentar evidencia de un declive cognitivo (Medido por ejemplo a través del
test de MoCA), con preservación de la independencia
funcional y que el declive cognitivo no se explique mejor por otra condición
médica, psiquiátrica o neurológica, como por ejemplo: delirium, depresión,
ansiedad o efectos secundarios de medicamentos (11).
Los datos
demográficos y clínicos fueron analizados mediante estadística descriptiva
utilizando media y desviación estándar (DS) para variables continuas y
frecuencia (%) para variables categóricas.
La
distribución de los datos fue verificada mediante la prueba de normalidad de Shapiro-Wilk, previo a la realización de un análisis
univariado. En el caso de las variables continuas se aplicó la prueba
paramétrica de t de Student o test de U de
Mann-Whitney, según el tipo de distribución que presentaran. Las variables
categóricas fueron evaluadas mediante la prueba de Chi cuadrado o prueba exacta
de Fisher. El nivel de significancia estadística se fijó en el 95%. Los datos fueron
procesados a través del paquete estadístico Stata v17.0 BE.
RESULTADOS
Fueron analizados
45 pacientes que correspondían al 100% de los adultos mayores que recibían
terapia de sustitución renal en la unidad al momento de realizarse el estudio. La
edad promedio fue de 70,4±7,4 años. El 55,6% del grupo estudiado fueron
varones y el 44,4% mujeres. Las características generales de estos se muestran
en la tabla 1.
El
puntaje promedio del test de MoCA fue de 18,8 ± 5,6
puntos (min 4- máx. 28 puntos). Siendo el promedio en población masculina de 20,3±
1,0 puntos versus 17,0±1,2 puntos en población femenina (p =0,02). La
mujeres presentaron significativamente menos años de escolaridad que los
varones: 6,2 años versus 11,3 años respectivamente (p 0,00).
La
prevalencia encontrada de sospecha de DCL fue de 62,2% (n: 28). Un bajo nivel
de escolaridad resultó ser significativo al análisis univariado para el riesgo
de DCL: ocho o menos años de escolaridad aprobada, presentaron un odds ratio de 10 (95% IC 1,91-52,3) para la sospecha de
deterioro cognitivo (p 0,00) Ver Figura 1.
Tabla 1. Características generales (n: 45)
Parámetros
|
Valor
|
Epidemiológicos
|
|
Edad, años ( x ± SD)
|
70,4±7,4
|
Femenino, n
(%)
|
20(44,4)
|
Masculino, n
(%)
|
25(55,6)
|
Años escolaridad ( x ± SD)
|
9,3 ±
4,5
|
Años en diálisis( x ± SD)
|
4,7±4,4
|
Vive solo (n %)
|
5
(15,6)
|
Estado Nutricional (IMC) n (%)
|
|
Enflaquecido
Normal
Sobrepeso
Obesidad
|
3(6,6)
22
(48,9)
13
(28,9)
7
(15,6)
|
Comorbilidades n
(%)
|
|
Hipertensión Arterial
|
45
(100)
|
Diabetes
Mellitus
|
34
(76)
|
Cardiopatía Coronaria
|
6
(13)
|
Fragilidad
|
12
(28)
|
Laboratorio
|
|
Hematocrito (%)
(+/- DS)
|
33,9
+/- 4,3
|
Glicemia (mg/dl) (+/- DS)
|
189,7
+/- 86,2
|
KTV (+/-
DS)
|
1,39
+/- 0,3
|
Hba1c
(%) (+/- DS)
|
6,5
+/- 1,7
|
PTH
(+/- DS)
|
302,6
+/- 366,9
|
Vitamina D (ng/dl) (+/- DS)
|
14,4
+/- 8,0
|
Vitamina B12 (pg/ml) (+/- DS)
|
399,8
+/-261,3
|
Pro
BNP (pg/ml) (+/- DS)
|
700,0
+/-734,7
|
IMC: Índice de Masa Corporal, HbA1c: Hemoglobina
glicosilada, PTH: Hormona paratiroidea
Figura 1. Relación
entre el puntaje obtenido en el test de MoCA y los
años de escolaridad completados
Relación
entre estado nutricional y Deterioro cognitivo.
El
análisis univariado demostró una relación directa entre el puntaje obtenido en
el test de MoCA y el estado nutricional del grupo
estudiado. Los pacientes con mejores puntajes presentaron de manera
significativa un mayor índice de masa corporal (IMC), un peso corporal superior
en 10 kg en promedio y un perímetro de pantorrilla 2,4 cms más alto y una circunferencia braquial a nivel del tríceps 1,8 cms mayor, en comparación con aquellos que presentaron
valores sugerentes de DCL (Ver tabla 2).
La presencia de un perímetro de
pantorrilla inferior a 31 cms determinó un odds ratio de 5,8 (95% IC 1,35-25,11) para la sospecha de
DCL (p: 0,01).
Tabla 2. Comparación de variables con diferencia
estadística (n: 45)
Variables
|
|||
Sospecha DCL (n)
|
SI (28 )
|
NO (17)
|
p
|
%
|
62,2
|
37,8
|
|
Epidemiológicas
|
|||
Años escolaridad aprobados, (x̄ ± DE)
|
7,9 ±0,7
|
11,5 ±1,0
|
0,00
|
Nutricionales
|
|||
Peso, Kgs (x̄ ± DE)
|
69,9 ±2,0
|
79,5 ±3,4
|
0,00
|
IMC, (x̄ ± DE)
|
27,2± 0,6
|
29,6 ±1,1
|
0,02
|
Circunferencia Pantorrilla, cms
(x̄ ± DE)
|
31,0 ±0,5
|
31,0 ±0,5
|
0,00
|
Circunferencia braquial, cms (x̄ ± DE)
|
25,9±2,9
|
27,7±3,5
|
0,04
|
Laboratorio
|
|||
Hematocrito, % (Promedio ± DE)
|
35,1 ± 0,8
|
32,0 ± 0,7
|
0,00
|
Vitamina B12, pg/mL (Promedio ± DE)
|
456,9± 55,7
|
299,8± 37,4
|
0.02
|
KTV (Promedio ± DE)
|
1,48±0,05
|
1,23±0,08
|
0,00
|
Relación
entre comorbilidades y Deterioro cognitivo.
Al evaluar la relación entre las
comorbilidades presentes y la sospecha de DCL, no se observaron diferencias
estadísticamente significativas entre ambos grupos. La diabetes mellitus,
presente en el 76% de la cohorte total, mostró una distribución homogénea entre
los pacientes con sospecha de DCL (78,6%) y aquellos sin sospecha (70,6%;
p=0,72). Del mismo modo, no se encontraron diferencias significativas en la
prevalencia de dislipidemia (67,9% vs 88,2%; p=0,16),
insuficiencia cardíaca (28,6% vs 41,2%; p=0,52) ni cardiopatía coronaria (10,7%
vs 17,6%; p=0,66). Los marcadores de control metabólico, incluyendo HbA1c
(6,5±1,9% vs 6,5±1,6%; p=0,97) y glicemia (190,2±100,6 vs 188,9±58,4 mg/dl;
p=0,96) fueron comparables entre ambos grupos.
Otras
variables
Aquellos pacientes con sospecha de DCL
presentaron valores de hematocrito y KTV significativamente superiores que
aquellos con puntajes más altos en el test de MoCA.
Simultáneamente los pacientes con sospecha
de DCL tenían en promedio niveles plasmáticos de vitamina B12 una vez y media más
alto que aquellos que no la tenían.
DISCUSIÓN
Nuestro
estudio, el primero que evalúa la prevalencia de deterioro cognitivo en
pacientes adultos mayores en hemodiálisis en Chile, reporta una elevada
prevalencia que alcanza al 62% del grupo estudiado. Lo anterior mediante la
aplicación de la prueba Montreal Cognitive Assessment (MoCA).
Nuestros
hallazgos se encuentran en línea con lo descrito en otras series
internacionales, donde se ha reportado una alta prevalencia de deterioro
cognitivo en pacientes con enfermedad renal crónica en tratamiento dialítico,
la cual oscila entre el 20% y el 70%, superando ampliamente a lo observado en
población general de similar edad (12, 13, 14). Cabe señalar que se ha observado que la presencia de enfermedad renal crónica,
por sí misma triplica el riesgo de presentar esta condición (15). Por otra parte, la asociación entre deterioro cognitivo
y enfermedad renal crónica incrementa el riesgo relativo de muerte en 1,77
veces y este riesgo sigue aumentando conforme lo hace el número de dominios
cognitivos afectados, pudiendo llegar a duplicarse en el caso de presentar tres
o más dominios comprometidos (16).
La
asociación entre baja escolaridad y deterioro cognitivo refuerza el concepto de
reserva cognitiva, donde niveles educativos más bajos se vinculan a una mayor
susceptibilidad al deterioro funcional cognitivo en contextos de enfermedad
crónica. Este patrón ha sido descrito en otras poblaciones en diálisis crónica (17) y enfatiza la necesidad de considerar no solo factores
biológicos, sino también determinantes sociales en la valoración cognitiva de
estos pacientes, especialmente considerando las potenciales inequidades
referidas a cuestiones de género, tal como se refleja en el menor nivel
educacional de la población femenina estudiada y que han sido reportadas previamente (18,19).
Nuestros
resultados muestran además que los parámetros antropométricos indicativos de
malnutrición y pérdida de masa muscular como menor peso corporal, índice de
masa muscular reducido, menor circunferencia de pantorrilla y braquial, se
asocian de forma significativa con deterioro cognitivo. Esto concuerda con los
reportes que vinculan la fragilidad y la sarcopenia a
peores resultados cognitivos y funcionales tanto en pacientes con enfermedad renal
crónica avanzada como en población general (20, 21). La malnutrición proteico-energética puede estar
actuando como un mediador biológico de disfunción cerebral, al perpetuar
estados de inflamación sistémica por medio de mecanismos vinculados al estrés
oxidativo (22). De esta forma se han demostrado altas prevalencias de
otras patologías asociadas al deterioro cognitivo como lo son las de tipo
depresivos, generándose así cuadros de superposición de difícil diagnóstico y
manejo (23).
Si bien
la diabetes mellitus tipo 2 y la enfermedad renal crónica constituyen factores
de riesgo independientes para deterioro cognitivo (24, 25) y se ha descrito que la coexistencia de ambas
condiciones incrementa la prevalencia y severidad de la disfunción cognitiva,
particularmente a través de mecanismos de daño micro vascular cerebral y estrés
oxidativo (26), en nuestra cohorte la diabetes mellitus no se comportó
como un factor diferenciador entre los grupos con y sin sospecha de DCL. Lo
anterior puede explicarse por la elevada prevalencia de esta comorbilidad en
ambos grupos (78,6% vs 70,6%), lo que limita la capacidad discriminativa de
esta variable. A lo anterior se suma la presencia de un control metabólico
similar reflejado en niveles comparables de HbA1c y glicemia. Adicionalmente,
el tamaño muestral de nuestro estudio limita el poder
estadístico para detectar diferencias en subgrupos con alta prevalencia de esta
condición. Xu y col. identificaron recientemente a la
diabetes como un factor de riesgo independiente para deterioro cognitivo en
pacientes en hemodiálisis crónica en una cohorte de mayor tamaño (24). Del mismo modo, Zhao y col. demostraron
que la relación entre rendimiento físico y DCL en pacientes en hemodiálisis
solo alcanzaba significación estadística en presencia de diabetes (26). Estos antecedentes refuerzan la necesidad de evaluar el
impacto de la diabetes sobre la función cognitiva en futuras investigaciones
con cohortes más amplias en hemodiálisis.
De manera
inesperada, observamos que valores más altos de Kt/V
y hematocrito se relacionaron positivamente con una mayor probabilidad de
deterioro cognitivo. Aunque lo anterior pudiera resultar paradójico, pensamos
que esta asociación puede reflejar un fenómeno artefactual: un Kt/V más alto puede estar influenciado por un menor volumen
corporal total, característico de pacientes con bajo peso y sarcopenia,
lo que en última instancia podría asociarse con peores resultados cognitivos
por condiciones de fragilidad subyacente (27, 28). Este último fenómeno podría explicar además una mayor hemoconcetración y por ende el mayor hematocrito observado
en los pacientes con deterioro cognitivo, esto particularmente considerando que
no se observaron diferencias estadísticamente significativas en el empleo de
agentes estimulantes de la eritropoyesis entre los diferentes grupos
(Resultados no publicados). Por otra parte, los mayores niveles de vitamina
B12, pueden estar asociados a estrategias de intervención terapéutica en
pacientes con sintomatología asociada a deterioro cognitivo, intención no
medida en nuestro estudio pero que constituye una práctica clínica frecuente de
observar (29, 30).
Estos
hallazgos plantean la necesidad de interpretar estos parámetros en el contexto
clínico individual de cada paciente.
Estos
resultados, en conjunto, sugieren que el deterioro cognitivo en pacientes en
hemodiálisis es multifactorial, influyendo tanto en determinantes biológicos,
nutricionales y vasculares, como en sociales, demostrados por el menor nivel
educativo de la población más afectada. Resulta interesante destacar, sin
embargo, que Sánchez y col., lograron demostrar en un reducido grupo de
población chilena, que la hemodiálisis se asociaba a un menor rendimiento en funciones
ejecutivas comparados con aquellos que recibían terapia conservadora (31). Lo anterior sugiere que elementos de la propia técnica
dialítica podrían estar involucrados en la patogenia de esta condición (3).
La alta
prevalencia detectada subraya la importancia de implementar estrategias de
tamizaje cognitivo sistemático en el seguimiento clínico de pacientes renales,
especialmente en aquellos con marcadores de fragilidad nutricional o baja
escolaridad.
Entre las
limitaciones de nuestro estudio se incluyen su diseño transversal, que no
permite determinar causalidad, y la dependencia de un único instrumento de
evaluación cognitiva. Sin embargo, la aplicación directa de MoCA en un contexto clínico real provee datos relevantes para la práctica cotidiana.
Esta prueba ha demostrado, sin embargo, ser una herramienta sensible para la
detección de deterioro cognitivo leve y moderado en población dializada,
especialmente en aquellos con compromiso de funciones ejecutivas y que
eventualmente no presentan impacto significativo en otros dominios cognitivos
como la memoria (32, 33).
Eventuales
investigaciones longitudinales con baterías cognitivas más amplias podrían
precisar la evolución del deterioro y sus predictores en esta población.
Concluimos
que los datos obtenidos aportan evidencia sobre la importancia de integrar
evaluaciones cognitivas en el manejo integral de pacientes en diálisis crónica,
con especial atención a factores nutricionales y sociales que podrían ayudar a
identificar tempranamente a quienes tienen mayor riesgo de deterioro cognitivo
y, por ende, peor pronóstico funcional y de autonomía personal.
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