Rev. Nefrol. Dial. Traspl.2026, 46(1):37-47
Artículo de Revisión
Cisplatin Nephrotoxicity
RECOMENDACIONES PARA EL DIAGNÓSTICO, TRATAMIENTO Y SEGUIMIENTO DE LA ENFERMEDAD DE FABRY EN ARGENTINA 2025
RECOMMENDATIONS FOR
THE DIAGNOSIS, TREATMENT AND FOLLOW-UP OF FABRY DISEASE IN ARGENTINA 2025
Fernando Perretta1, ORCID: 000-0001-9383-6488 - Mail: fernando.perretta@genzyme.com
Silvia Di Pietrantonio2,
Shunko Fernández3,
Daiana García4,
Silvia Mattausch5,
Maximiliano Ramírez6,
Diego Ripeau7,
Sebastián Jaurretche8.
1) Instituto
de Nefrología, NEFRA Medical Care, Escobar, Provincia de Buenos Aires
2) Servicio de Nefrología,
Hospital El Cruce, Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires
3) Centro de Investigación,
Diagnóstico y Tratamiento de la Enfermedad de Fabry, San Fernando del Valle de
Catamarca, Provincia de Catamarca
4) Servicio de Nefrología, Hospital
Central, Mendoza, Provincia de Mendoza
5) Instituto
de Nefrología, NEFRA Medical Care, Córdoba, Provincia de Córdoba
6) Servicio
de Nefrología, Hospital Dr. Castro Rendón, Neuquén, Provincia de Neuquén
7) Departamento
de Pediatría, Nefrología Infantil, Hospital de Clínicas José de San Martin,
CABA
8) Unidad
de Trasplante, Sanatorio Parque, Rosario, Provincia de Santa Fe
Fecha entregado: 27 de enero de 2026
Fecha aceptado: 10 de febrero de 2026
ABSTRACT
Fabry disease is a rare X-linked genetic disorder caused by pathogenic variants in the GLA gene. This gene encodes the enzyme α-galactosidase A, the deficiency or absence of which leads to the progressive accumulation of globotriaosylceramide and other complex glycosphingolipids in various cell types, including endothelial, renal, cardiac, and neuronal cells. The disease presents in two main clinical forms: a "classic" form, which manifests in childhood, and a "late-onset" form, characterized predominantly by cardiac and/or renal involvement in adulthood. Nephropathy is one of the most significant complications of the disease, which is why nephrologists play a central role in its diagnosis, monitoring, and treatment. Enzyme replacement therapy and pharmacological chaperones are currently available as treatment options. Early initiation of treatment is associated with better clinical outcomes and less progression of organ damage. This executive summary synthesizes the recommendations developed by the Rare and Hereditary Kidney Diseases Group of the Argentine Society of Nephrology.
Keywords: Fabry
disease; α-galactosidase
A; Globotriaosylceramide; Globotriaosylsphingosine;
Enzyme replacement therapy; Pharmacological chaperones.
RESUMEN
La enfermedad de Fabry es un trastorno genético raro ligado al cromosoma X, causado por variantes patogénicas en el gen GLA. Este gen codifica la enzima α-galactosidasa A, cuya deficiencia o ausencia conduce a la acumulación progresiva de globotriaosilceramida y otros glicoesfingolípidos complejos en diversos tipos celulares, incluyendo células endoteliales, renales, cardíacas y neuronales. La enfermedad presenta dos formas clínicas principales: una forma “clásica”, que se manifiesta desde la infancia, y una forma de “inicio tardío”, caracterizada predominantemente por compromiso cardíaco y/o renal en la edad adulta. La nefropatía constituye una de las complicaciones más relevantes de la enfermedad, motivo por el cual los nefrólogos desempeñan un papel central en su diagnóstico, seguimiento y tratamiento. Actualmente se dispone de terapia de reemplazo enzimático y de chaperonas farmacológicas como opciones terapéuticas. Se ha demostrado que el inicio precoz del tratamiento se asocia con mejores resultados clínicos y menor progresión del daño orgánico. El presente resumen ejecutivo sintetiza las recomendaciones elaboradas por el Grupo de Enfermedades Renales Raras y Hereditarias de la Sociedad Argentina de Nefrología.
Palabras Claves: Enfermedad de Fabry; α-galactosidasa A; Globotriaosilceramida;
Globotriaosilesfingosina; Terapia de reemplazo enzimático; Chaperonas
farmacológicas.
INTRODUCCIÓN
La enfermedad de Fabry (EF) es un trastorno
genético raro ligado al cromosoma X, causado por variantes en el gen GLA. Este
gen codifica para la síntesis de la enzima α-galactosidasa A (α-GalA), cuya
deficiencia o ausencia provoca la acumulación de globotriaosilceramida (Gb3),
su metabolito deacilado globotriaosilesfingosina (Lyso-Gb3) y otros
glicoesfingolípidos complejos en fluidos y diversas células (incluyendo células
endoteliales, renales, cardíacas, nerviosas, etc.) (1,2). La
EF se puede clasificar en formas “clásicas” y “no clásicas” o de “inicio
tardío”, también llamada variante del adulto. Los pacientes varones con las formas
“clásicas” tienen una actividad enzimática indetectable o muy baja (<3% del
valor normal), y los primeros síntomas se expresan durante la niñez, con dolores
neuropáticos en manos y pies, compromiso gastrointestinal, angioqueratomas,
etc.
Llegada la adultez, se desarrollan
complicaciones orgánicas mayores, incluyendo accidentes cerebrovasculares, miocardiopatía
hipertrófica e insuficiencia renal. Las formas de expresión fenotípica de “inicio
tardío” están asociadas a mayor actividad enzimática residual (entre el 3 y el
30%), con manifestaciones a edades adultas limitadas a un solo órgano como
corazón o riñón (2,3). En
las mujeres, la enfermedad puede ser más variable, desde prácticamente asintomáticas
hasta tan severamente afectadas como los hombres, dependiendo en parte del tipo
de variante genética, y del patrón de inactivación del cromosoma X. Factores
epigenéticos pueden también contribuir a la variabilidad clínica observada en
el sexo femenino (4,5). La
nefropatía asociada a la EF constituye una de sus complicaciones más frecuentes
y de mayor impacto en términos de morbimortalidad, lo que posiciona al
nefrólogo como un actor central en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de
los pacientes afectados. En este contexto, el presente resumen ejecutivo
sintetiza las recomendaciones elaboradas por el Grupo de Enfermedades Renales
Raras y Hereditarias de la Sociedad Argentina de Nefrología, con el propósito
de ofrecer lineamientos actualizados, prácticos y adaptados a la realidad
sanitaria argentina para el abordaje integral de la enfermedad de Fabry.
EPIDEMIOLOGÍA
La naturaleza inespecífica de los síntomas
de la EF, su baja frecuencia y la posibilidad de diagnósticos iniciales
erróneos dificultan su detección temprana, la cual puede llevar varios años,
incluso décadas. Resultados internacionales de pesquisa neonatal muestran una
frecuencia de 1 en 22.570 hombres con formas “clásicas” y de 1 en 1.390 hombres
en formas de “inicio tardío”, lo que ubica a esta
enfermedad como la patología de depósito lisosomal más frecuente (6). Una
comunicación reciente informó una de las mayores prevalencias a nivel mundial
en la provincia de Catamarca, Argentina. La misma fue de 1:3.671 para la
población general en el año 2023 (1:8.079 para hombres y 1:2.412 para mujeres) (7). En
otro estudio, se investigó a 9.604 pacientes masculinos en diálisis,
pertenecientes a 264 centros distribuidos en 20 de las 23 provincias
argentinas. Se confirmó el diagnóstico de EF en 22 casos, determinando una tasa
de prevalencia de 0,23% en pacientes masculinos en diálisis. Se observó
fenotipo “clásico” en el 73% de los pacientes, mientras que el 27% restante se
presentó como variantes de “inicio tardío”. Es de destacar que este fue el
estudio más grande realizado en pacientes en diálisis de un mismo país a nivel
mundial y el primer estudio realizado en Argentina (8). Una
revisión sistemática y metaanálisis de estudios de cribado en pacientes con
enfermedad renal crónica, que incluyó 55 estudios (84.062 pacientes), demostró
una baja prevalencia en enfermos renales: 0.10% en diálisis, 0.28% en
trasplantados y 0.17% en pacientes en pre-diálisis. De los casos detectados, el
37,8 % presentaba variantes no patogénicas, el 31,7 % correspondía al fenotipo
“clásico”, el 15,5 % al de “inicio tardío” y el 14,7 % a variantes de
significado incierto (9).
Aunque la prevalencia general de EF es baja en pacientes con afectación renal,
el cribado, especialmente en pacientes que aún no han recibido terapia de
reemplazo renal, es muy importante para proporcionar intervenciones tempranas y
tratamientos oportunos.
ASPECTOS GENÉTICOS
El gen GLA, localizado en el brazo largo
del cromosoma X (Xq22.1), consta de 7 exones que codifican para la enzima
α-GalA, y se han descrito más de 1.000 variantes en este gen (10).
El análisis del gen GLA permite identificar diversos tipos de variantes. Las
duplicaciones, inserciones, deleciones, variantes frameshift y nonsense generan
una enzima truncada y no funcional, con actividad enzimática muy baja o nula,
asociada al fenotipo “clásico”. En cambio, algunas variantes missense producen
enzimas con actividad residual, lo que se relaciona con fenotipos de “inicio
tardío”, aunque ciertas variantes missense también pueden causar actividad nula
y fenotipo “clásico” (2,11,12).
La EF se hereda de forma ligada al
cromosoma X. Los hombres, al tener un solo cromosoma X, suelen presentar formas
más graves. Las mujeres, generalmente heterocigotas, muestran una gran
variabilidad clínica debido a la inactivación aleatoria del cromosoma X
(lionización), que puede favorecer la expresión del gen normal o del mutado.
Esto explica desde ausencia de síntomas hasta cuadros graves similares a los
hombres. Factores epigenéticos también contribuirían a esta heterogeneidad. La
forma homocigota en mujeres es extremadamente rara (2,4,5,13).
Hoy en día, aunque controvertido, es posible analizar el patrón de inactivación
del cromosoma X, lo que brindaría información y pronóstico para cada paciente
heterocigota. Una limitante de este estudio es que el patrón de inactivación
puede diferir en los distintos tejidos de una misma paciente, dificultando su interpretación (4,13).
La mayoría de las variantes patogénicas
del gen GLA son privadas, afectan a pocas familias y presentan alta
variabilidad fenotípica, lo que dificulta la correlación genotipo-fenotipo.
Solo algunas variantes, como p.N215S, muestran asociaciones clínicas claras,
principalmente cardíacas. Además, existen variantes de significado incierto,
cuya clasificación requiere una evaluación integral que considere el impacto
funcional, la evidencia clínica y la historia familiar, así como los niveles de
actividad enzimática, del biomarcador Lyso-Gb3 y los hallazgos
anatomopatológicos (2,14,15).
Es esencial que los médicos tratantes sean capaces de distinguir estas
variantes de aquellas asociadas a la EF, para tomar decisiones clínicas
adecuadas.
El asesoramiento genético es una parte
esencial del manejo de la EF, dado su patrón de herencia. Al ser una enfermedad
ligada al X, es conocido que los varones afectados transmiten la enfermedad al
100% de sus hijas mujeres y no la transmitirán a sus hijos varones. Por otro
lado, las mujeres afectadas, tienen 50% de probabilidades de transmitir la
enfermedad a su descendencia, tanto a varones como a mujeres, en cada uno de
sus embarazos. Es importante informar a los pacientes y sus familias sobre la
posibilidad de transmisión de la enfermedad a sus hijos, y discutir las
opciones de diagnóstico prenatal o preimplantacional.
FISIOPATOLOGÍA DE LA AFECTACIÓN RENAL
El daño renal en la EF se debe
principalmente al depósito de Gb3 en las células renales, especialmente en los
podocitos, lo que genera alteraciones estructurales y funcionales tempranas.
Este proceso involucra desregulación de vías de señalización, daño del
citoesqueleto y del diafragma de filtración, con reducción de la adhesión
celular. A nivel morfológico, se observan depósitos lisosomales, borramiento y
pérdida de podocitos, configurando una podocitopatía metabólica hereditaria que
se manifiesta clínicamente como proteinuria y progresión de la insuficiencia
renal. Si bien las consecuencias clínicas están bien definidas, los mecanismos
moleculares subyacentes aún no se comprenden completamente (16).
Un estudio argentino analizó 15 biopsias
renales de pacientes con EF para investigar los mecanismos de fibrosis. Los
resultados mostraron expresión de TGF-β1 (citocina profibrótica) principalmente
en células tubulares, apoptosis en células tubulares y mesangiales, y presencia
de miofibroblastos (células profibróticas) en el intersticio peritubular y
glomérulos. Estos hallazgos sugieren que el TGF-β1 producido por células
tubulares induce la transdiferenciación de células renales en miofibroblastos,
contribuyendo a la fibrosis renal en la nefropatía Fabry (17). Una
revisión reciente propone que la tubulopatía en la EF y sus efectos funcionales
constituyen los primeros signos patológicos y factores contribuyentes al
desarrollo de la nefropatía (18). Un estudio local
evaluó biomarcadores urinarios en pacientes con EF sin albuminuria patológica
para analizar el daño podocitario y la fibrosis renal mediada por TGF-β. Los
hallazgos demostraron una expresión urinaria reducida de mRNA-TGF-β en
comparación con sujetos sanos, y se encontró una asociación entre la excreción
urinaria reducida de microRNA antifibróticos (miR-29 y miR-200) y las proteínas
del citoesqueleto de los podocitos (CD2AP, α-actinina-4 y podocina) (19). La
fibrosis renal en la EF es el resultado de una agresión multifactorial que
involucra inflamación, apoptosis, proliferación celular y estrés oxidativo. La
comprensión incompleta de estos mecanismos justifica la necesidad de continuar
investigando para desarrollar terapias capaces no solo de corregir el defecto
enzimático, sino también de prevenir o revertir el daño fibrótico renal.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Forma “Clásica” de la EF
En la EF “clásica”, los primeros síntomas,
que incluyen dolor neuropático crónico (acroparestesias) y crisis episódicas de
dolor intenso (crisis Fabry), suelen aparecer durante la infancia. Otros
síntomas y signos frecuentes son la hipohidrosis, la presencia de angioqueratomas,
los trastornos gastrointestinales (distensión postprandial, diarreas, dolor
abdominal, etc.) y una opacidad corneal asintomática característica (córnea
verticilada). El compromiso renal puede manifestarse desde edades tempranas,
incluyendo albuminuria y glomeruloesclerosis. Las complicaciones orgánicas
suelen presentarse en adultos jóvenes e incluyen la progresión de la enfermedad
renal crónica (ERC) a insuficiencia renal, así como hipertrofia ventricular
izquierda (HVI) asociada con fibrosis miocárdica y arritmias. Además, pueden
aparecer pérdida auditiva, accidentes isquémicos transitorios (AIT), accidentes
cerebrovasculares (ACV) y, como consecuencia final, muerte prematura. Otras
manifestaciones como compromiso respiratorio y osteoporosis han sido reportadas
previamente (2,20).
Las manifestaciones renales en la forma
“clásica” pueden iniciarse en la infancia con alteraciones del sedimento
urinario, incluyendo la presencia de cilindros, glóbulos rojos y glóbulos
lipídicos birrefringentes (cuerpos cruz de Malta). Con la progresión de la
enfermedad aparecen proteinuria, trastornos de la función tubular y, en algunos
casos, poliuria con un cuadro similar a diabetes insípida nefrogénica. El
deterioro progresivo de la función renal conduce a insuficiencia renal crónica
terminal en aproximadamente la mitad de los varones entre la tercera y quinta
década de vida, aumentando a casi el 90% en la sexta década (2,20,21,22).
Forma de “Inicio Tardío” de la EF
La EF de “inicio tardío” o “no clásica” se
caracteriza por el compromiso predominantemente cardíaco (variante cardíaca) o
renal (variante renal), con ausencia de las manifestaciones tempranas descriptas
en la infancia (3).
Suelen presentarse más tarde en la vida (entre la tercera y la séptima década).
Tienen actividad residual de α-GalA entre el 3 y el 30% de la media normal, y
pueden no presentar inclusiones de Gb3 en las células endoteliales capilares ni
angioqueratomas. Los pacientes con la variante cardíaca generalmente son
asintomáticos durante gran parte de sus vidas, y desarrollan HVI,
miocardiopatía hipertrófica (MCPH), anomalías de la conducción y arritmias.
Además, los pacientes con la variante cardíaca pueden presentar proteinuria
leve a moderada en el contexto de una función renal normal. En la variante
renal, el compromiso está limitado al riñón, pero es posible que algunos
pacientes puedan desarrollar posteriormente otras complicaciones de la
enfermedad, como afectación cardíaca, a una edad más avanzada. Esta variante
puede estar infradiagnosticada en pacientes con IRCT, por lo que es fundamental
investigar las causas subyacentes de la insuficiencia renal, incluida la EF, en
pacientes sin diagnóstico previo (2,20,22).
METODOLOGÍA DIAGNÓSTICA
La actividad enzimática de α-GalA puede
medirse en gotas de sangre en papel de filtro, leucocitos y plasma, siendo los
dos primeros los tipos de muestras más utilizados (1)
Aunque la medición de la actividad
enzimática en leucocitos se considera el “gold standard” para el diagnóstico en varones, la presencia de variantes benignas
que reducen la actividad enzimática “in vitro” puede llevar a una
interpretación errónea, lo que resulta en falsos positivos. Otra limitación de
esta prueba es que hasta el 40 % de las mujeres pueden presentar valores
enzimáticos dentro del rango normal, debido a la inactivación aleatoria del cromosoma
X (4,5). Por
esta razón, la detección de una variante genética patogénica en el gen GLA es
fundamental para diagnosticar la enfermedad en mujeres y confirmar el
diagnóstico en hombres, evitando confusiones con variantes benignas. Además,
identificar la variante específica proporciona información valiosa sobre el
fenotipo del paciente, y permite rastrear la variante genética en familiares en
riesgo.
Si una variante no ha sido previamente
reportada en bases de datos o se clasifica como de significado incierto, el
diagnóstico de la EF puede confirmarse mediante la combinación de síntomas
característicos (como dolor neuropático, córnea verticilada y angioqueratomas),
una reducción en la actividad enzimática y niveles elevados del biomarcador
Lyso-Gb3 (15).
En la actualidad, los cribados en grupos de alto riesgo, como pacientes en
diálisis, con MCPH o con antecedentes de accidentes cerebrovasculares en
jóvenes, están permitiendo identificar variantes genéticas de significado
incierto. Estas variantes generan incertidumbre diagnóstica debido a la ausencia
de síntomas típicos, lo que dificulta distinguir entre variantes benignas y
aquellas asociadas a las formas de “inicio tardío” (23). La
medición de Lyso-Gb3 en plasma es una herramienta útil para confirmar el
diagnóstico de la EF. En varones, los niveles elevados de este biomarcador
están presentes tanto en el fenotipo “clásico” como en el fenotipo de “inicio
tardío”, mientras que valores normales descartan la enfermedad. En mujeres con
fenotipo “clásico”, el biomarcador Lyso-Gb3 también se encuentra elevado,
aunque en menor medida que en los hombres. Sin embargo, la principal limitación
de esta prueba es que algunas mujeres con fenotipo de “inicio tardío” pueden
presentar niveles dentro del rango de la normalidad (24,25).
En situaciones específicas, como la presencia de una variante de significado
incierto o cuando las técnicas de secuenciación disponibles no logren
identificar la variante genética responsable de la deficiencia enzimática, una
biopsia endomiocárdica o renal pueden ser clave para confirmar el diagnóstico. La
detección de depósitos intralisosomales de sustrato en los tejidos analizados
constituye una prueba útil para la enfermedad, aunque no es 100 % específica,
ya que hay otras patologías o fármacos que pueden presentarlos (15).
TRATAMIENTO
El abordaje terapéutico de la EF se
clasifica en i) tratamiento específico, que incluye la terapia de reemplazo
enzimático (TRE) y las chaperonas farmacológicas, y en ii) tratamiento
sintomático de soporte. El objetivo del
tratamiento específico es prevenir el desarrollo de daño orgánico irreversible
y, cuando se administra en fases tempranas, puede revertir ciertos procesos
fisiopatológicos que llevan a la muerte celular. El tratamiento debe ser supervisado por un
equipo multidisciplinario de especialistas en la enfermedad, que incluya, entre
otros, a pediatras (si se trata de niños), médicos clínicos, neurólogos,
cardiólogos, nefrólogos, oftalmólogos, dermatólogos, otorrinolaringólogos y
genetistas.
Terapia de Reemplazo Enzimático
En Argentina se encuentran disponibles dos
formulaciones de TRE para la EF: agalsidasa alfa en dosis de 0.2 mg/kg cada 14
días, y agalsidasa beta en dosis de 1 mg/kg cada 14 días. Ambas terapias fueron
aprobados en 2001 por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA); sólo agalsidasa
beta fue aprobada por la FDA para su uso en los Estados Unidos. Ambas terapias recombinantes
humanas son de administración endovenosa, y han demostrado seguridad y eficacia
en diferentes estudios clínicos en pacientes con EF (22).
Los pacientes masculinos con EF “clásica”
y ausencia de α-GalA endógena tienen riesgo de desarrollar anticuerpos
antidroga neutralizantes, lo que puede reducir la eficacia de la TRE.
Actualmente, no existe consenso sobre la utilidad de su dosaje ni sobre
protocolos de inmunosupresión para estos pacientes (26,27).
Al momento de la elaboración de este
resumen ejecutivo, un biosimilar de agalsidasa beta ha recibido recientemente
la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y
Tecnología Médica (ANMAT) en la Argentina.
Terapia con Chaperonas
Desde 2019, en nuestro país, disponemos de
una chaperona farmacológica como terapia oral para la EF, denominada
migalastat. Esta molécula es un iminoazúcar que estabiliza formas “amenables” o respondedoras de la enzima α-GalA, facilitando
su llegada al lisosoma para ejercer su acción degradativa. Se administra en
dosis de 123 mg por vía oral en días alternos a pacientes mayores de 12 años,
con la recomendación de evitar la ingesta de alimentos al menos 2 horas antes y
2 horas después de la toma. Migalastat se excreta principalmente a nivel renal
y no ha sido estudiado en pacientes con insuficiencia renal grave, por lo que
no se recomienda su uso en aquellos con una tasa de filtrado glomerular
estimada (TFGe) < 30 ml/min/1.73 m² o con insuficiencia renal crónica
terminal (IRCT) que requieran terapia sustitutiva con hemodiálisis o diálisis
peritoneal. La amenabilidad es determinada por un
ensayo “in vitro” con células embrionarias renales humanas, validado por buenas
prácticas de laboratorio, donde se consideran variantes respondedoras a aquellas
que tienen un aumento relativo ≥ 1.2 veces y un aumento absoluto ≥ 3.0 % en la
actividad de la enzima α-GalA (28,29).
La eficacia de la chaperona farmacológica
migalastat fue evaluada en dos estudios pivotales multicéntricos de fase III, FACETS (30) y
ATTRACT (31),
así como en estudios posteriores de extensión abierta. Estos estudios
demostraron una reducción del índice de masa ventricular izquierda (iMVI), además de la estabilización de la función renal y
del biomarcador Lyso-Gb3, entre otros efectos. Migalastat es una alternativa
válida para el tratamiento de la EF en pacientes “amenables”,
mayores de 12 años y con una TFG > 30 ml/min/1.73 m². Dado que la amenabilidad se evalúa en estudios “in vitro” y no siempre
corresponden necesariamente con la amenabilidad “in
vivo”, se sugiere verificar la respuesta clínica del paciente mediante un
seguimiento regular, que incluya estudios de rutina y pruebas bioquímicas, como
la medición del biomarcador Lyso-Gb3.
CRITERIOS PARA INICIO DE TRATAMIENTO
El inicio del tratamiento requiere, ante
todo, la confirmación diagnóstica. En pacientes pediátricos, los criterios para
iniciar el tratamiento deben basarse en una correcta distinción del fenotipo,
ya que, hasta la fecha, no hay evidencia que respalde el tratamiento en niños
con EF de “inicio tardío”. En 2016, las guías de manejo y tratamiento para
pacientes pediátricos en EE. UU. recomendaron considerar el tratamiento en
todos los pacientes con síntomas relacionados con la EF, independientemente de
la edad o el sexo. En pacientes pediátricos varones asintomáticos, se sugiere
iniciar la TRE alrededor de los 8-10 años en aquellos con formas “clásicas” (32). Recientemente,
una recomendación de consenso en Francia reforzó que la TRE debería
considerarse para niños y niñas sintomáticos. Además, sugirió que los niños
asintomáticos podrían beneficiarse de un inicio más temprano del tratamiento basado
en los siguientes criterios: a) presencia de una variante patogénica “clásica”,
b) antecedentes familiares de EF grave en varones, c) actividad indetectable de
α-GalA y d) niveles plasmáticos de Lyso-Gb3 > 20 nmol/L (33). Ver tabla 1 (recomendaciones
para el inicio de terapia en pacientes pediátricos).
Tabla 1:
Recomendaciones para Inicio de Tratamiento en Pediatría
FENOTIPO “CLÁSICO” EN NIÑAS Y NIÑOS SINTOMÁTICOS
|
Iniciar tratamiento sin distinción de edad ni
género.
|
FENOTIPO “CLÁSICO” EN NIÑOS ASINTOMÁTICOS
|
Iniciar tratamiento desde los 7 años.
|
FENOTIPO “CLÁSICO” EN NIÑAS ASINTOMÁTICAS
|
El tratamiento puede
posponerse hasta la aparición de signos o síntomas y/o hasta que se demuestre
evidencia de compromiso por EF en estudios de laboratorio, imágenes o
histológicos.
|
FENOTIPO DE “INICIO TARDÍO” EN NIÑOS Y NIÑAS
|
El tratamiento puede
posponerse hasta que se demuestre evidencia de compromiso por EF en estudios
de laboratorio, imágenes o histológicos.
Generalmente este grupo
no requiere tratamiento.
|
En adultos varones con un fenotipo
“clásico” se debe considerar el inicio de tratamiento para cualquier edad de
presentación. Las mujeres con EF “clásica” pueden clasificarse en dos grupos:
sintomáticas y asintomáticas. Las pacientes sintomáticas deben iniciar el
tratamiento en presencia de dolor neuropático, compromiso gastrointestinal,
proteinuria/albuminuria, manifestaciones cardíacas, accidentes
cerebrovasculares, etc. En mujeres asintomáticas, se debe considerar el
tratamiento si hay evidencia de laboratorio, histológica o por imágenes de daño
orgánico. Finalmente, para mujeres y hombres adultos con un fenotipo de “inicio
tardío”, se debe considerar el tratamiento ante la aparición de signos o
síntomas y/o hasta que se demuestre evidencia de laboratorio, histológica o por
imágenes de compromiso orgánico (2,34,35). En la tabla 2 se observan las recomendaciones para el inicio de terapia en
pacientes adultos.
Tabla 2: Recomendaciones para Inicio de Tratamiento en Adultos
FENOTIPO
“CLÁSICO” EN HOMBRES SINTOMÁTICOS O NO
|
Iniciar el tratamiento al diagnóstico, independientemente de la edad del paciente.
|
FENOTIPO “CLÁSICO” EN
MUJERES SINTOMÁTICAS
|
Iniciar tratamiento en presencia de síntomas típicos, no atribuibles a otras causas.
|
FENOTIPO
“CLÁSICO” EN MUJERES ASINTOMÁTICAS
|
Iniciar tratamiento ante evidencia de compromiso por EF en
estudios de laboratorio, imágenes o histológicos.
|
FENOTIPO
DE “INICIO TARDÍO” EN MUJERES Y HOMBRES
|
Iniciar tratamiento ante la aparición de signos o síntomas
y/o hasta que se demuestre evidencia de compromiso por EF en estudios de
laboratorio, imágenes o histológicos.
|
CRITERIOS PARA SUSPENDER O NO INICIAR EL TRATAMIENTO
Estos criterios deben aplicarse a
pacientes, tanto masculinos como femeninos, con EF, sin distinción entre fenotipos (34).
Criterios Para Suspender el Tratamiento:
-No adherencia a más del 50% de las infusiones.
-Reacciones persistentes a la infusión que
ponen en peligro la vida o son graves, y que no responden a la profilaxis, por
ejemplo, anafilaxia.
-IRCT, sin opción de trasplante renal, en
combinación con insuficiencia cardíaca avanzada (clase IV de la NYHA).
-Enfermedad terminal con una expectativa
de vida de < 1 año.
-Deterioro cognitivo severo.
-Solicitud del paciente.
Criterios Para No Iniciar el Tratamiento:
-Solicitud del paciente.
-Enfermedad cardíaca avanzada con fibrosis
extensa, si la enfermedad cardíaca es la única indicación de tratamiento.
-IRCT, sin opción de trasplante renal, en
combinación con insuficiencia cardíaca avanzada (clase IV de la NYHA).
-Enfermedad terminal con una expectativa
de vida de < 1 año.
-Deterioro cognitivo severo.
Tratamiento de Soporte Coadyuvante
Además del tratamiento específico, se
recomienda un tratamiento coadyuvante para mejorar la calidad de vida,
optimizar la función y reducir las complicaciones de la EF. Lo ideal es que
este enfoque implique una atención multidisciplinaria por parte de especialistas
en las áreas pertinentes (2).
A continuación, se describen los tratamientos coadyuvantes por órgano o sistema
implicado en la EF:
1) Renal:
-Manejo estándar de la ERC.
-Uso de IECAs o ARAs para reducir la albuminuria por debajo de 30 mg/g de
creatinina si el nivel basal es de 30-300 mg/g, o por debajo de 300 mg/g si el
nivel basal es mayor a 300 mg/g. El uso de inhibidores SGLT2 es una terapia
hipotéticamente razonable; sin embargo, la escasa evidencia disponible es
preliminar y controversial hasta la fecha.
-Manejo general de la ERC según guías con
respecto a la indicación de estatinas y prevención/manejo de ERC con trastornos
del metabolismo óseo-mineral.
-Evaluación de los niveles de vitamina D,
y suplementar si hay deficiencia.
-Diálisis o trasplante renal en pacientes
con IRCT (donante vivo debe estar libre de EF).
2) Cardíaco:
-Considerar IECAs o ARAs; los betabloqueantes deben usarse con
precaución y la amiodarona debe evitarse en pacientes bajo terapia TRE.
-Si hay bradicardia
sintomática/incompetencia cronotrópica o deterioro en la conducción
auriculoventricular significativa, considerar marcapasos permanente.
-Si hay fibrilación auricular, se
recomienda anticoagulación de por vida, con preferencia por el mantenimiento
del ritmo sinusal.
-Si hay sospecha fuerte o evidencia de
arritmias malignas, considerar un desfibrilador implantable.
3) Cerebrovascular:
-Profilaxis de ACV con agentes
antiplaquetarios (aspirina o clopidogrel) como prevención secundaria; no hay
datos disponibles sobre prevención primaria.
-Profilaxis de accidentes
cerebrovasculares con anticoagulantes (warfarina o los nuevos anticoagulantes
en ausencia de insuficiencia renal), según sea necesario, por ejemplo, en pacientes
con fibrilación auricular.
4) Sistema nervioso periférico:
-Estrategia individualizada para el manejo
del dolor neuropático.
-Los fármacos de primera línea incluyen
anticonvulsivantes (ej., carbamazepina, gabapentina, pregabalina).
-Crisis de dolor: considerar agonistas
opioides (con precaución para evitar agravar problemas gastrointestinales).
-Evitar factores desencadenantes del dolor
con modificaciones en el estilo de vida (ej., evitar temperaturas extremas,
mantener hidratación, uso de aire acondicionado, etc.).
5) Gastrointestinal:
-El enlentecimiento del vaciado gástrico y
la dispepsia pueden manejarse con metoclopramida y bloqueadores H2; la
dismotilidad y la diarrea pueden tratarse con cambios en la dieta (aumento de
fibra, comidas más frecuentes y pequeñas) y farmacoterapia.
6) Respiratorio:
-Broncodilatadores para la obstrucción de
la vía aérea.
7) Oftalmológico/Auditivo/Dermatológico:
-Uso de lentes polarizados para mejorar la
visibilidad nocturna; lágrimas artificiales.
-Audífonos, implantes cocleares.
-El uso de luz pulsada intensa puede
eliminar los angioqueratomas en casos aislados. Las medias de compresión pueden
mejorar el linfedema.
MONITOREO RENAL
La nefropatía es una de las complicaciones
mayores en la EF, y el médico especialista en nefrología cumple un rol central
en el diagnóstico, seguimiento y tratamiento (36,37). En la práctica
clínica, los biomarcadores validados utilizados para el monitoreo de la
evolución del daño renal son bien conocidos (38,39).
1) Albuminuria/proteinuria: no permite
detectar daño renal temprano; sin embargo, es fundamental para evaluar la
progresión de la nefropatía, ya que niveles elevados se asocian con un
deterioro más rápido de la función renal.
2) Tasa de filtración glomerular
(TFG/TFGe): constituye el biomarcador central del seguimiento. La pendiente
anual de la TFGe permite evaluar la progresión de la enfermedad y la respuesta
al tratamiento.
3) Biopsia renal: biomarcador histológico
recomendado en pacientes con enfermedad renal crónica y variantes del gen GLA
de significado incierto (40).
Su principal valor es diagnóstico, y en el seguimiento solo se considera cuando
la proteinuria y la TFGe muestran una evolución no esperada.
Una estrategia de monitoreo razonable consiste en la estratificación del riesgo mediante albuminuria y TFGe, siguiendo las recomendaciones KDIGO-CKD para definir la periodicidad de los controles durante el seguimiento (41). En la tabla 3 se detallan las recomendaciones de evaluación y seguimiento del compromiso renal en pacientes con EF.
Tasa de filtrado glomerular medida (preferida) o
estimada utilizando fórmulas apropiadas (CKD-EPI o fórmula abreviada de Schwartz en < 18
años)
|
Anualmente si el riesgo es bajo, cada 6 meses si el riesgo es moderado
y cada 3 meses si el riesgo es alto o muy alto*.
|
Albuminuria (preferida,
más sensible) y/o proteinuria. En orina de 24 h o muestra al azar para
índices proteína/creatinina y albúmina/creatinina)
|
Anualmente si el riesgo es bajo, cada 6 meses si
el riesgo es moderado y cada 3 meses si el riesgo es alto o muy alto*.
|
25 OH Vitamina D
|
Según
indicación médica.
|
Biopsia renal
|
Según indicación médica.
|
*Los
niveles de riesgo se basan en la clasificación de enfermedad renal crónica
KDIGO 2012:
-Riesgo bajo: Estadio E1/2 A1
-Riesgo moderado: Estadio E3a A1, E1/2 A2
-Riesgo alto a muy alto: Estadio E4 o 5,
E3b A1, E3a A2, E1/2 A3
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